La mañana que seguí al pastor Ramon y aprendí que las ovejas también tienen nombre y carácter

El pastor Ramon sale cada día con su rebaño antes del alba, cuando el rocío empapa la hierba y los pájaros empiezan a despertarse. Ayer me animé a acompañarlo. Él lleva un bastón largo y una cantimplora, pero casi no lo usa. Las ovejas le conocen el paso y se mueven solas, como si el rebaño fuera una sola criatura que respira despacio.   Caminamos por senderos que yo no sabía que existían, entre matorrales de romero y encinas bajas. Ramon me explicó que cada oveja tiene una mancha en la oreja y que él las reconoce a todas. —La negra de la frente se llama Luna, y la que cojea un poco es la Rosita —me dijo, y señalaba con el bastón. Me pareció increíble que un hombre tan callado conociera a cada animal por su nombre. Me dejó que yo mismo echara un poco de sal en una piedra para que las ovejas lamieran. Ellas se acercaron sin miedo, y sentí su calor y su olor a lana sucia. No hice nada importante, solo acompañar, pero esa lentitud me llenó de una paz extraña.   Al mediodía, Ramon sacó pan y queso y compartió conmigo. No hablamos mucho, pero su silencio no pesaba. Me dijo que este oficio se está perdiendo, que los jóvenes prefieren la ciudad, pero que él no cambia sus montes por ningún ruido. Cuando volvimos, el sol ya picaba y yo llevaba las piernas doloridas, pero también una certeza nueva: a veces, la vida más auténtica está en seguir a un rebaño por una senda polvorienta, sin más reloj que la luz y el hambre.(Tienda de Camisetas Fútbol Baratas)

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